Los pueblos de la América española, en general, se desarrollaron en una misma dirección. La conquista española uniformó la fisonomía étnica, política y moral de la América Hispana. La sangre española se mezcló con la sangre india. Se crearon, así, núcleos de población criolla, gérmenes de futuras nacionalidades y de revoluciones contra el poder español. El proceso de formación de los pueblos indo-españoles tuvo, en suma, una trayectoria uniforme con sus particularismos inevitables. Es lo que explica que la generación libertadora sintió intensamente la unidad sudamericana (como José de San Martín y Simón Bolívar). Opuso a España un frente único continental. Sus caudillos obedecieron no un ideal nacionalista, sino un ideal americanista. Esta actitud correspondía a una necesidad histórica. Además, no podía haber nacionalismo donde no había aún nacionalidades. Las revoluciones no fueron un movimiento de las poblaciones indígenas, aunque hubo excepciones. El Cuzco, en 1782, pasó a la historia al transformar la lucha por la independencia de España en una cuestión social por la propiedad de las tierras. Los conquistadores comenzaron un derrotero de imposiciones por los conquistadores: se instalaron en las viejas ciudades indígenas, crearon otras nuevas, repartieron las tierras y las minas de oro y plata, construyeron iglesias, ocuparon todos los cargos de gobierno e implantaron “reducciones”, “encomiendas”, “mayorazgos” y la “mita”, y trabajos forzosos de los hombres en las minas de Potosí, y el de las mujeres y los niños, hasta diez horas por día, en las hilanderías de propiedad de los españoles. No hubo otros alzamientos de importancia, luego de Tupac Amaru, hasta las revoluciones de la Independencia, a comienzos del siglo siguiente. En las guerras que libraron San Martín, Bolívar, Güemes y otros patriotas latinoamericanos, invocaban el valor y ejemplo de Túpac Amaru para arengar a sus tropas. Era un movimiento de las poblaciones criollas, en las cuales los reflejos de la Revolución Francesa habían generado un humor revolucionario. Mas las generaciones siguientes no continuaron por la misma vía. Emancipadas de España, las antiguas colonias quedaron bajo la presión de la necesidad de un trabajo de formación nacional. El ideal americanista, superior a la realidad contingente, fue abandonado.
Pedro Pablo Verasaluse
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